jueves, 20 de agosto de 2009

UUHHHH!!!! QUE FRESQUITO

Queridos Internautas este blog ya lo tenemos super cargado, de ahora en adelante continuaremos con el siguiente Mundo Ocio, ¡¡hasta la vuelta!!
Os Espero a todos!!!!!

Bunny Licker

El Pais mas pobre del mundo

La Capital mas Pobre del Mundo




Él dice que éste debe ser el parámetro para “surear” (orientar hacia el sur) cualquiera de nuestras acciones. El pobre, el caído, el oprimido, el masacrado, el excluido de la vida digna. Para Dussel, la víctima es real, y necesita del gesto ético. Eso vale tanto para quien vive en Florianópolis cuanto para los que viven en Malasia o Siberia. El pobre, dice Dussel, está perdido y sólo en el dolor. Necesita que las manos se extiendan y lo amparen, no como un gesto para aliviar la conciencia burguesa, sino como un compromiso real, verdadero.

El grito ético de Dussel parafrasea otro, del siglo XIX, cuando Marx y Engels proclamaron, en los albores del capitalismo: “trabajadores del mundo uníos”. Hoy, en el 2005, el grito que se hace necesario es: “pobres de todo el mundo uníos”. Y cualquiera que vea televisión sabe el motivo. La tragedia en Nueva Orleáns desveló al mundo cuánto los ricos y poderosos están incómodos con los pobres. Ningún discurso puede ser más contundente como la acción que fue practicada en aquella ciudad de mayoría negra. Amenazada por el huracán, el gobierno estadounidense lanzó el aviso de alerta para sus iguales: los blancos y ricos. “Sálvese quién pueda”, decían los mensajes oficiales. Quién tuvo coche y dinero para salir de la ciudad, se fue. Los pobres, los desvalidos, los desheredados, sin dinero y sin ticket de avión, tuvieron que quedarse. Y allí estuvieron abandonados a las aguas, a la enfermedad, a la muerte. Los que sobrevivieron, ahora son vistos como un “obstáculo problemático” en la vida feliz de Texas.

Los pobres de Estados Unidos vieron y sintieron en la piel el dolor de ser dejados a su suerte, cosa que los soldados estadounidenses hacen todos los días en las regiones del mundo que ocupan con sus armas y botas. Así son dejados los pobres de Afganistán, de Irak, de Colombia, de Granada, de Palestina, de Paraguay y de tantos otros países. Los ricos cogen sus familias, sus perros, sus joyas, y, protegidos, se mandan a cambiar, Los pobres se quedan inermes ante la tragedia. Es así en cualquier lugar. Ora donde los estadounidenses invaden con tropas y bombas, ora donde invaden con políticas económicas depredadoras y acuerdos comerciales espurios. El país de Bush es un Midas al revés: todo lo que toca lo convierte en dolor.

En África, todos los días son días de huracán. Allí se propaga la enfermedad, el hambre, el dolor, la miseria humana. El gran continente, ocupado, dividido y devastado por el poder europeo, hasta hoy no se ha levantado. Allá, millones de pobres viven la desesperación del abandono, muriendo como moscas sin que ningún helicóptero salvador asome en el horizonte. Y, cuando viene es para traer más desgracias. La “gran esperanza blanca” - siempre humanitaria en las películas de Hollywood – es, en verdad depredadora y salvaje. En África, los poderosos matan a los pobres en nombre de los diamantes, minerales y el marfil. La vida del pobre vale nada. La vida vive de terca

Y así es en todo el planeta. Basta pasar por una librería cualquiera y tomar el libro del fotógrafo Sebastián Salgado llamado Êxodus. En él está expuesta, a través de crudas imágenes congeladas, la vida del pobre, del migrante, del que necesita andar por el mundo buscando un pedazo de pan. Del que está abandonado, perdido, asustado, casi perdido de su humanidad.

Pero ni aún frente a tanto dolor, el mundo burgués se compadece. En Europa, niñas queman edificios donde viven negros africanos escapados del hambre. En París, queman a los argelinos que buscan un lugar para vivir en paz. Queman indios en Brasilia, por pura broma con un “desigual”. La vida del pobre es nada. Aquí, en la India, en Senegal, en Alaska.

Entonces, nuestro desafío se encuentra allí: estar con el caído, caminar con él, promover la vida de quien está perdido. No por compasión. El pobre no necesita de la pena de nadie. Lo que los pobres necesitan es del compromiso y de la visión. Compromiso de quien - aunque pobre- aún tiene lo básico para vivir, y visión para sí mismo. En el otro – hermano- puede encontrar un abrazo de amparo y posibilidad de emerger. Pero, lo más importante es la visión. Poder ver que, unidos, son mayoría y pueden vencer cualquier dolor.
Lo triste de el continente africano, que no escapa a otras regiones del planeta, son los profundos contrastes y desigualdades, marcados por largos conflictos sociales que parecen no terminar nunca. Un ejemplo de los resultados de procesos históricos tan conflictivos y complejos se materializa en la ciudad e Freetown, la capital del país más pobre de todo el planeta, Sierra Leona.
Freetown es la capital de Sierra Leona, una ciudad puerto y centro comercial que podría afirmarse, es el área más rica de un país donde la pobreza hace estragos. Freetown es una ciudad capital que a la par de los extensos conflictos sociales, sobrevive de la mano del intercambio de mercancías y la exportación. Freetown nació como una ciudad fundada por esclavos ingleses que retornaron a África liberados. Nacida como un asentamiento base controlada por los británicos, fue el punto de partida para una más de las aventuras colonialistas europeas del siglo XIX. La historia de la ciudad, es una sucesión casi permanente de conflictos de poder.

El resultado de un proceso conflictivo se materializa en una estructura urbana que hasta en el propio centro, exhibe marcadas deficiencias en la infraestructura. Situada en la península de Sierra Leona, sobre el Atlántico, Freetown es un centro de producción de cigarros, posee una actividad industrial marginal, y despliega otras actividades como la talla de diamantes, la industria agrícola y el comercio.
La ciudad, a pesar de sus problemáticas y conflictos, posee puntos de interés entre los que se destacan el Museo Nacional, Palacios, Iglesias históricas como la de San Juan, catedrales, la Mezquita, y playas como la de Hamilton, Luley y Lakka. Hay además, sitios de importancia histórica, como un enorme árbol de algodón, un tesoro natural de la ciudad, que se encuentra sobre una calle donde los antiguos esclavos fundaron la actual urbe. Es importante hacer una mención a la delincuencia en la ciudad, una modalidad creciente desde al año 2002, que ha ganado las calles, especialmente en las zonas más pobres.
Para arribar, Freetown cuenta con un Aeropuerto Internacional (Lungi) ubicado en la ciudad de Lungi, al otro lado de la ribera de la ciudad, y conectado por ferry. Freetown, es la capital más relegada de un continente magnífico por sus bellezas naturales y sus culturas y patrimonio, algo que muchas veces no va a compañado de una estabilidad y la paz necesaria para un desarrollo sustentable.